¿Ustedes saben lo que íbamos a recibir este miércoles en la marcha? Sabíamos, pero otra cosa es recibirlo. Gases, palos, servicios rondando, como en los años de la dictadura y como en los primeros años en la facultad. Están los convencionales, armas, escudos, cascos y taconeo de ultratumba. No es el taconeo de la milonga. Después están los otros, los que se hacen pasar por militantes y por estudiantes, pero se les nota la hilacha. Es una hilacha construida en 360 grados. En las manifestaciones por lo general se paran entre tres, dándose las espaldas, tal vez llevan cucarachas en los oídos, murmuran y susurran, hacen mímica, como si cantaran, pero no conocen las consignas. Y lo mejor, van vestidos con traje ceñido de testigo de casamiento u otro desatino, y algunos hasta con anteojos oscuros. Son tan previsibles como “Pensé que se trataba de cieguitos”, la canción de los Twist. Pasan los años, pasan los jugadores, como dice la canción de cancha. Me dan risa, si no fuera porque este momento es tan dramático.
Sin embargo, en la marcha del miércoles éramos muchos, demasiados, y los sicarios del mal no se hicieron presentes, salvo en los bordes del Congreso y en los bordes de la Plaza donde Yrigoyen y Avenida de Mayo empiezan al revés o se bifurcan. La policía y las fuerzas de choque con sus chalecos un poco más relajados que el día del veto a los jubilados, hacía calor y se habían quitado los cascos. Tendremos pinta de mansos y tranquilos, como decía Piero, pero las consignas, como la pelota, no se manchan. Estuvimos en la gran marea y el sol nos acompañó, junto con sectores multitudinarios que exceden a la educación y a la universidad públicas. Son la trama y el riñón de nuestro país. Sectores de la CGT, jubilados, los investigadores, los laburantes, los que sostienen la salud solidaria en nuestro país, irradiando desde el Clínicas hacia el extenso territorio nacional con su perseverancia, los sectores de los partidos políticos que no se entregan al mejor postor, incluido el sector de la UCR que honra la Reforma universitaria de 1918. Estábamos peronchos, izquierda, UCR, todos vertíamos lágrimas de zurdo mientras participábamos con alegría. Organismos de Derechos Humanos, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Todas y todos los que vivimos de a pie y seguiremos en pie.
Te quiero mi país, te quiero Argentina y me dolés tanto, y me duele tanto que mis conciudadanos vivan en la calle, harapientos y con las moscas zumbando alrededor, en la basura. Y me duele tanto que la niñez con la que trabajé y por la que perviví durante treinta años esté otra vez amodorrada, aletargada, hambreada, purulenta de enfermedades, indefensa, derretida, entristecida ¿Sabés una cosa, Milei? Vos y tus secuaces son hijos de puta. Y esto no guarda relación con tu madre ni con vuestras madres, señores hijos de puta. Es una referencia a vosotros, a ustedes, a lo desintegrados que pretenden dejarnos, hasta el tuétano, y espero que no lo permitamos. Vosotros, señores hijos de puta, vosotros que no nos quieren, es bien sabido. No suelen amar y menos amar a la Argentina. prefieren imaginar a la Argentina como un objeto de violación para achacarle después las penas y dirigir las acusaciones de su osadía, de su dramática intención de producir una descarga, una autonomía a “como sea”, salir al fin de la escena traumática y romper las cadenas de los violadores.
López, el de Las puertitas del Sr. López, de Grillo y Altuna, es Milei pero diferente ¿Quieren que les cuente? Milei es López pero abriendo el Perramus y mostrándose desnudo y envaselinando -a confesión de parte-, identidad insospechada que nos devuelve a los años de plomo, a los dolorosos años en que tuvimos que comernos la represión bocado por bocado. La no tan sutil diferencia es que lo que López realizaba en su fantasía atravesando las puertas mágicas y lujuriosas, Milei lo ha vuelto escena rotatoria y exhibicionista, puerta rotativa como la de los bancos que quiere dinamitar, aunque trabaje para la banca. Para poner en el derecho de esta derecha los nuevos derechos, los pestíferos de la obscenidad, la bizarría, la violación y la abusiva afrenta del que toca sin permiso, y manosea y amasa pretendiendo que te quedes manso. También de los que comen solos sus manjares y no convidan. Hay muchos Milei en este país, son un porcentaje ínfimo, pero preciso. No los olvidemos y no los perdamos de vista.
¡Qué hermosa es la plaza un día de fiesta!, la Plaza de Mayo, la de Los Dos Congresos, las Plazas del país donde se multiplicaron los ecos y desde donde salió el grito primordial también. En todo el país vociferamos y deseamos un país menos sádico, menos obsecuente, menos cipayo, donde haya caricias y un cuerpo a cuerpo que no sea el de la guerra, sino el de los abrazos.
Tengo un sueño, como lo tuvieron otros, y a veces se vuelve pesadilla. Tengo una posición en la vida y en la ética que vienen de la escasez y no de la gordura. Tengo una tristeza infinita que encuentro en la mirada de infinita tristeza de mis iguales, mis pares, mis amigos, mis conciudadanos, mis compañeros de ruta por estos días. Quiero que esta tristeza se vuelva un poco pendenciera, un poco altiva, un poco orgullosa también. Y sobre todo quiero transformar esta tristeza, mi propia tristeza, en días que no sean de agonía. Te quiero Argentina, como una mujer muy amada, como amo cada cosa que abrazo y sostengo. Banderas y vidas. Como no puedo dejar de amar a mi Universidad y a mi Colegio que viene de la universidad y vibra todavía porque es un colegio de la universidad. Sin ellos, ¿quién sería?, ¿quién hubiera sido? Una sombra, se los aseguro. Te quiero país, porque soy este ser melancólico y perdido, porque alguna vez hubieron sueños que me hicieron renacer y por los que aún vivo. Te quiero porque más allá de las secuelas familiares me diste una familia social amplia, gentil y generosa, y porque sólo en un país delirante y maravilloso puede persistir la idea de que la universidad es para todos, libre y gratuita, y la educación es para todos, libre, igualitaria. En cada rincón o hasta donde llegue la mano abierta de cada uno de nosotros. Qué maravillas perdidas habremos de encontrar otra vez en cada marcha y se irán multiplicando, hasta hacernos crujir los huesos. Y qué me importa que se rompan cada uno de mis huesos si al fin y al cabo los tengo a ustedes para sostenerme. Además, los huesos sueldan, se reconstituyen y también habré de sostenerlos, habremos de sostenernos, quienes sean, vibrando por ahí en una misma herida multitudinaria. Te quiero país y te quiero otra vez, te elijo país, te quiero Argentina, te quiero más allá de los nazis los filo milicos los disciplinarios los policíacos los fachos de alma y los terratenientes y los “patria financiera” que también te habitan. Te quiero, incluso más allá de los chetos y la papa en la boca con la que hablan de banalidades. Te quiero, porque en mi caso, vengo de un río que se vuelve estuario y respira en la mar con tantas voces y tantas culturas que me embriago, me disperso en ellas y me pierdo a horcajadas, cabalgando alguna fantasía inconclusa que alguna vez habremos de realizar. Te quiero porque hoy no es mi día, tal vez mañana tampoco lo sea, pero habrá mañana para otros y si pervivo es por mí, por nosotros, por ellos y por los que vendrán. Por eso también marchamos.
Te quiero Argentina, intensa, desopilante, contradictoria, con tu español descangallado, profundo, algebraico, mágico, original, también rioplatense, te deseo como se desea el amor más profundo, como el sueño que llega luego del insomnio más feroz.
Cuando me vaya, quiero un último potrero en el que haya a la par una pelota y un papel en el que pueda escribir ideas inconclusas, un pie en el tablón y el otro en las ciencias y en los artes. Si, ¿qué otra cosa soy sino un hijo de esta tierra? ¿Qué otra cosa fui sino un huérfano de esta tierra? Un laburante, un universitario, uno que habita los bares y las calles ¿Qué otra cosa soy sino mis afectos, la muchedumbre vivando en la plaza, los ecos imposibles y también incesantes de una revolución? ¿Qué otra cosa, sino mis ancestros tomados de la vida diaria y cotidiana?
Cristian Rodríguez
04/10/2024



