No creo que estemos en situación de proponer una transformación del sistema de salud en las condiciones deplorables y precarias en la que nos encontramos los propios trabajadores de la salud, pauperizados, enajenados y abandonados a nuestra suerte.
Antes que proclamar la relación entre una necesidad y un derecho, tendríamos que retomar los fundamentos mismos de la participación colectiva, que es la de desconfiar del Estado como fuerza viva y consolidar poder como trabajadores de la salud.Tenemos que sindicalizarnos, a favor de una relación de fuerzas más equitativa, con las corporaciones y también con el Estado Nacional, que como cualquier superestrcutura nos pauperiza, nos aliena y nos posterga.
El Estado Nacional es uno de los garantes, no el único.Considero que tendremos una oportunidad, sólo si podemos visibilizarnos y tranasformar la relación de fuerzas desfavorable, si mantenemos independencia de pensamiento, independencia política y nuestra propia independencia económica, sin olvidar que somos los emergentes de una de las gemas luminosas que dio y da este país: la educación pública.En mi caso particular, haber sido recibido desde los doce años, desde mi educación secundaria, en la UBA, la Universidad de Buenos Aires, que acaba de cumplir doscientos años de existencia.
Contra las corporaciones y manteniendo el espíritu crítico serían para nosotros condiciones de base para participar y pensar en una verdadera transformación del sistema de salud.Si no, simplemente estaríamos repitiendo fórmulas y también síntomas.
17/08/2021



